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ELOY MADORRÁN

Es difícil de explicar. Tienes la sensación, por momentos la extraña certeza, de que vas a presenciar algo histórico. Pero no deja de ser una sensación o un deseo. Así, con este cosquilleo recorriendo mi cuerpo llegué hasta Zarauz para ver en directo el sector juvenil masculino de balonmano. Fin de semana deportivo y familiar para animar al representante riojano: el Knet Calasancio.

“El primer partido es muy importante en este tipo de competiciones” se encargan de repetir los que saben de esto. Y se ganó el primer partido. Fue contra el Grupo Covandonga, representante asturiano (31-35).

Gran ambiente en las gradas con insignes espectadores: Chechu Villaldea tras el banquillo astur asesorando a su entrenadora, y el seleccionador nacional absoluto, Jordi Ribera, junto a Alberto Suárez, primer técnico de la historia del Club Balonmano Ciudad de Logroño.

Los chicos de Pedro Mari y Nacho lo hicieron bien, muy bien. Dejando a un lado nervios y tensión, que los hubo, el Calasancio cuajó un gran partido. Uno de uno.

El sábado era el día clave. Tocaba jugar contra los anfitriones y además con el incentivo del resultado del partido anterior que permitía al Calasancio proclamarse campeón si vencía, con independencia del partido del domingo.

El duelo del sábado dejó dos conclusiones. La primera es que en Zarauz el balonmano se vive con pasión, intensidad y un enorme respeto por la esencia de un juego noble, de contacto y entre caballeros. La afición zarauztarra estuvo genial aunque los suyos no pudieron ganar. Especial gesto del equipo vasco:tiempo muerto en el minuto 59 con diez goles de desventaja para dedicar una ovación a su afición. Vello de punta.

La segunda conclusión es que esta generación juvenil del Calasancio ha nacido bendecida. Ganó su partido (18-28) y se proclamó campeón. También ganó el domingo al Sinfín cántabro (28-33). Ya está entre los ocho mejores de España en su categoría. Ahora, a ver qué pasa en la fase final de Sevilla. ¿Quién dijo miedo?

Han sido muchas horas de entrenamiento, de esfuerzo y de contratiempos solucionados. Los chavales del equipo juvenil no lo saben, pero su histórica victoria se gestó hace tiempo, mucho tiempo. Concretamente el 1 de diciembre de 1977, cuando se fundó el Club Polideportivo Calasancio. Desde entonces, el Polideportivo de Escolapios ha visto pasar a mucha gente. Algunos ya no están ni en Escolapios ni en otro lado, han muerto. Otros siguen al club con interés y otros están desaparecidos. Pero este triunfo es parte de todos y cada uno de ellos. Es una victoria coral, formada por muchas pequeñas victorias. Y esa es su mayor grandeza. Porque aunque alguien quisiera apropiarse de ella, no podría, no le dejaríamos. Ahí reside la fuerza del Calasancio, en el colectivo por encima de cualquier individualidad. Y la gente que no lo entiende, acaba saliendo del club. Primero su ego, luego él.

En lo personal hay tres o cuatro personas por las que me alegré especialmente, pero prefiero no escribir nombres para que nadie se sienta ofendido. Además, tuve la inmensa suerte de poder hacerlo en persona el sábado y el domingo.

Estas líneas se las han ganado Ferni, Carni, Javi, Juan, Espi, Mario, David, Gonzalo, Joel, Miguel, Bruno, Carlos, Ernesto, Alco, David Cadete, Méndez, Edu, Pedro, Nacho y Juanjo.